03/04/2015

Viaje a Sevilla en primavera

La verdad es que dejar la meseta castellana y llegar a Sevilla en primavera, compensa. Nos fuimos un par de días y lo primero con lo que nos topamos al llegar allí:


Toda la ciudad estaba a reventar de flores de azahar. Olía que daba Gloria. Naranjos por todas partes y un perfume delicioso.

Dejamos las maletas en el hotel y a la calle, que es mediodía y hay que tomarse una tapita. de entrada a El Rinconcillo por el barrio de Santa Cruz, abierto hace la tira de años, tapita de carrillada y de bacalao con pimientos.

Paseando y tapeando echamos la tarde. Llovía, así que hasta nos compramos un paraguas. Todo nos gustaba, mirando y asombrándonos del ambiente pre Semana Santa se nos pasó la tarde del viernes.

El sábado nos fuimos a la Casa de Pilatos del ducado de Medinaceli. Tienen visitas guiadas cada media hora o así y audioguía para que te vayas enterando de todo. La audioguía era un rollo, la deberían cambiar por alguna locución más amena, el 90% de la gente la llevaba en la mano y no escuchaba nada, pero la casa en sí es muy interesante.
Después a comprar dulces donde las monjitas Clarisas del convento que está al lado, eso sí, de los que no llevan manteca de cerdo por lo de la parte vegetariana de la familia.

También fuimos a conocer el mercado gourmet cerca de la orilla del río Guadalquivir, La Lonja de Barranco. Ya todas las ciudades tienen uno, en Sevilla como que no hace falta porque vayas donde vayas se tapea rico, pero tenía el capricho de conocerlo y fuimos. Las tapas no me llamaron la atención por originales, pero hay un puesto solo de salmorejo que sí, La Salmoreteca. Estoy deseando hacer alguna de las recetas: salmorejo  de setas y trufa, de tinta de calamar, de remolacha...
De allí, cruzando el río, a Triana. Primero al mercado de Triana, que eso sí es un mercado-mercado. Además de puestos de todo, tienen bares, pero no es gourmet fino, sino rico de la tierra. Menos elegante pero más auténtico. Ración de jamón del bueno-bueno.
 

Por Triana está la calle Betis, que está en la rivera del río y que es famosa por los bares y terrazas que hay, pero nos pareció demasiado turística, con los camareros acechando a los clientes en la calle y las fotos de "Paellador" para guiris. Así que nos fuimos callejeando hacia el interior, viendo los patios tan bonitos que hay.
 
Gran acierto, porque encontramos el bar Remesal, de toda la vida, ambiente taurino y especializado en cabrillas que son los caracoles pequeñitos en salsa como los hacían en Cádiz pero que además de caracoles tenía unas croquetas de pringá que quitaban el sentido, bacalao rebozado, espinacas con garbanzos...todo rico.
De Triana, nos volvimos al barrio de Santa Cruz y al centro a pasear. Muy curioso todo, estaba todo el mundo en la calle, haciendo las últimas compras antes de las procesiones y la feria.
 

Por la noche fuimos a cenar a Enrique Becerra, un buen restaurante, clasicón, estaba todo rico. Pero otra vez, en vez de reservar en el restaurante de la primera planta voy a ir a tomar tapas en la planta baja, que tenían incluso mejor pinta que los platos a la carta. Estos tirabuzones de calamar rebozado estaban estupendos.
Luego nos fuimos paseando a nuestro hotel, pasando por la zona de la Catedral que estaba toda iluminada.
 
Al día siguiente, al parque de María Luisa, a ver la Plaza de España.
Y por la Alameda de Hércules encontramos un kiosko de periódicos y nos sentamos a tomar una cerveza mientras nos leíamos el dominical. Cuando fue la hora de comer, encontramos un lugar llamado La Guaracha, que no es un nombre muy sevillano pero la comida estaba muy bien. Bacalao, Solomillo con torta del Casar, Carrilladas con trigo mote, un arroz con pulpo delicioso...
Después de comer, a por nuestra maleta al hotel y directos al AVE que cuesta una pasta, pero es tan rápido que compensa. Hasta la próxima.


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