13/10/2014

Unos días en Londres

Aprovechando que terminé mi curso de cocina en la escuelita (¡Yupi ya me diplomé!) y como hacía años que no iba y estaba deseando, nos fuimos toda la familia unos días a Londres, cinco para ser más exactos. Nos lo pasamos genial aunque como es tan grande siempre falta tiempo para descubrir más cosas, así que poco a poco y sin agobiarse por no poder verlo todo, recorrimos una parte de la ciudad.

Nada más llegar al aeropuerto compramos nuestras Oyster card, que son las tarjetas de transporte (metro y autobús) que se recargan con cuanto importe desees, se van descargando según se usan y salen más económicas que los billetes individuales y mucho más cómodo al no perder tiempo en comprar billetes a diario. Tienen un depósito de 5 libras pero el último día, una vez llegados al aeropuerto puedes devolverlas y te lo reintegran en efectivo en el momento. Nos fuimos a nuestro apartamento (muy mono) y dejamos los bártulos. 

Hay que prever que el alojamiento se encuentre en la zona 1 de transporte ya que cuanto más alejado de la zona 1, más caro es cada viaje en metro o autobús y de verdad, Londres es tan grande que incluso andarines avezados como nosotros teníamos que tomar el transporte a diario.

Desde España había reservado un tour con Sandeman en español y a Covent Garden que nos fuimos a encontrarnos con nuestra guía, Belén, un encanto, que aparte de contarnos sobre la historia, las costumbres y la realeza, también nos ayudó en datos prácticos de la vida londinense.

 
Nos enseñó Covent Garden, varios castillos de Enrique VIII, el palacio de Windsor, el palacio donde vive el príncipe Carlos, el parque Sant James, la abadía de Westminster y muchas cosas más. 

Al día siguiente nos reunimos con mi amigo Juan que vive hace muchísimos años en Londres y nos llevó de paseo por la orilla sur del Támesis (South Bank), desde el Big Ben hasta la torre de Londres, pasando (y metiéndonos en todas partes) por el Southbank Centre, el National Theatre, la noria de Londres, la Tate Modern, el teatro de Shakespeare y el puente de Londres.
En la torre de Londres había una instalación en el foso con miles y miles de amapolas de cerámica por el día del Armisticio o del Recuerdo que en los países de la Commonwealth es una fecha muy importante para conmemorar la Primera Guerra Mundial. Es el 11 de noviembre, cuando todos los ingleses se ponen su amapola en la solapa en tributo a los caídos y de las que habla en su poema John MacCrae sobre los campos de batalla del saliente de Flandes de la Gran Guerra. Como el año pasado estuvimos en Bélgica, lo teníamos muy presente.

Después fuimos a cenar con su familia, nos hicieron sentir como en casa y estaba todo delicioso. Una típica cena inglesa con sus chuletas de cordero y su salsa de arándanos. Estaba todo riquísimo, gracias Rosemary!

El sábado fuimos al museo Británico y aunque no es la primera vez que voy, salgo igual de abrumada siempre, es tan grande y hay tanto qué ver! Aunque en todas guías de viaje etc. insisten que los museos son gratis, no hay que olvidarse de hacer una contribución siempre, ya que se mantienen en parte por las donaciones.


También fuimos al mercado de Borough ¡cómo no iba a pisar yo un mercado si me encantan! Aunque hay muchos más, éste está muy bien aunque un poco turístico, pero había algunos puestos preciosos.
Los precios del pescado no eran mucho más caros que en Madrid, me extrañó que fuera tan asequible, sobre todo para el bolsillo de los ingleses. También me pareció gracioso encontrarme en Londres palulú, la rama de la que se obtiene el regaliz y que cuando era pequeña alguna vez he mordisqueado, no es que me gustara mucho pero a veces era la única golosina a mano.
Había unas panaderías espectaculares con unos panes de semillas, de sabores, de diferentes harinas, que los ingleses otra cosa no, pero hornear panes, tartas, bollos y bizcochos se les da estupendamente.

La mayor parte del mercado es cubierto así que aunque chispeaba ni nos enteramos.

Del capítulo comidas, ya habréis oído que la cocina no es su fuerte pero qué quieres, como yo he vivido allí de joven, lo disfruté como una enana. A mí hasta me gusta la comida que se sirve en los pubs a mediodía (Pub Grub) todo bien regado de cervezotas: sus empanadas, sus salchichacas, los purés de papa, los fish & chips.... qué peligro tengo!
Después del museo estuvimos en un restaurante coreano al que nos metimos casi de casualidad y resultó ser un acierto, hacía un día feo y tomamos una sopa de kimchi súper reconfortante, aparte de rollitos, una especie de pizza de puerros y unas cervezas coreanas y japonesas. 



Luego por el barrio había tiendas de alimentación oriental y aproveché para cotillear y traerme alguna cosilla que ya veré cómo preparo y qué tal me sale.

El Domingo fuimos al mercado de Portobello cuyo día oficial es el sábado, pero el domingo también está bien porque aunque no haya tanta gente sí hay algunos puestos y las tiendas abren y hay ambiente y para ver el barrio de Notting Hill, que es bonito, y hacerse una idea de la zona, ya nos valía.

Muy cerca esta el Whole Food Market de Kensington, que es una cadena de tiendas de Estados Unidos que ha abierto algunas sucursales en Londres. Es justo el tipo de tienda de comida sana que no me gusta, cara, enfocada en el diseño y el envoltorio y no en el contenido, haciendo pasar por comida ecológica y natural un producto hiperprocesado, juntando en el mismo saco las verduras ecológicas con lo esotérico y las últimas tendencias gluten-free entre los que tienen mala conciencia por cómo comen a diario. Arriba hay un restaurante donde pensábamos comer pero viendo la pinta del rancho estilo cafetería de aeropuerto pero en "sano", decidimos irnos otro sitio. Debo ser la única a la que no le gusta porque parece que tiene mucho éxito, estaba hasta los topes.

El último día nos acercamos al Museo de la Ciencia (no confundir con el de Historia Natural, que es el que aquí sería el de Ciencias Naturales), si se va con niños/as interesados en saber cómo funcionan las cosas está genial, porque es interactivo y se puede toquetear todo y hacer experimentos. Igual, es gratis pero se debe dejar un donativo.

También he aprovechado para comprar bastantes libros, que tanto en las tiendas de segunda mano de las diferentes organizaciones no gubernamentales como en las librerías normales están bastante más baratos que aquí, así que ya tengo lectura gastronómica para varias semanas.

Espero poder repetir el viaje en breve porque me ha sabido a muy poco, y es que me acuerdo un poco de Londres todos los días... al tomarme mi té.


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