24/07/2014

Un viaje (corto) a Valencia

Esta semana pasada hemos ido tres días a Valencia. Hacía tanto que no iba que prácticamente no me acordaba de nada. Lo cual está bien, porque así lo ves todo con ojos "nuevos".

La ciudad es bonita, está cuidada y es cómoda. Grandes avenidas, fácil de caminar (nos la recorrimos entera), con un centro vivido, una playa preciosa y mucha gente en la calle. Si tuviera que ponerle un pero sería el clima, tan húmedo que por momentos casi casi pensaba en el trópico. Pero claro, el clima ya no es culpa, no?

El primer día llegamos y nos dimos una vuelta por el centro, cenamos en Vuelve Carolina, el gastrobar de Quique Dacosta y Manuela Romeralo donde por si acaso ya había reservado días antes. Según llegamos nos pusieron unos colines con crema de queso. 


Nos inclinamos por un menú de tapas que tienen a 22€ por persona y le añadimos un par de platillos aparte.
Empezamos con unas ostras preparadas, yo tomé una ostra con leche de tigre (el juguito del ceviche) y cilantro, que me transportó a Ecuador y también probamos una con salsa teriyaki. La de cilantro era sublime.

Como siempre, con la emoción, se me olvida tomar todas las fotos que debería, pero algunas sí que hice y las comparto porque así las veis todos. Esto es un "cojín" de yema de huevo de corral envuelto en patata frita tipo chip que viene en un plato que imita una huevera. No sé cómo lo hacen, la patata es fina y dorada, crujiente, te lo metes en la boca de una, porque al quebrarse, sale una yema de huevo frito, líquida, tal cual una yema, deliciosa. Como un paso más allá de los huevos rotos. Nos encantó, la próxima vez nos pedimos la docena.

Otro plato era una Pizza invertida, que era una ensalada y encima la masa de pizza muy muy fina. También pedimos un Pan de cristal con jamón y tomate y un Atún con pisto y cacahuetes, pero no hay foto.

Y otro que me encantó fue este Cubalibre de foie con escarcha de limón. Encima hay una gelatina de cubalibre, la escarcha de limón es hielo y debajo está el foie. Mega rico.
Al día siguiente, sábado, nos fuimos al Mercado Central, que yo lo conocía por una vez que estuve hace algunos años y me había parecido un mercado encantador. Y lo es, vaya joya que tienen los valencianos, aparte de bonito es muy completo: servicio de consigna, parking gratuito para clientes, entrega a domicilio... El edificio es precioso, de principios del siglo pasado (1914-1928), lo autogestionan los propios comerciantes y eso se nota, es un mercado vivo, nada que ver ni con los mercados turístico-gastronómicos que se están abriendo últimamente ni con las galerías comerciales municipales de Madrid, que me temo que van a morir en unos años.
En esta foto se ve el mercado por fuera, la parte de los pescados con anguilas vivas para hacer un plato típico que se llama All i Pebre y es un guiso de patatas y anguila, ligeramente picante, bastante rico. La anguila se parecería ligeramente a la carne de la sardina. Pebre en valenciano es pimiento y así también es como le llaman en Chile a la salsa de pimientos picantes que ponen siempre en la mesa para que cada cual se eche o no el picante que desee. También se ve el Garrofó, que es esa vaina que se seca y da una alubia grande blanca y echa tradicionalmente a la paella. En Perú se llama frijol pallar, es un frijol blanco, muy mantecoso, cuando seco se rehidrata y se usa en varios platos.


También hay una sección para que los turistas se tomen sus consabidos vasos de fruta pelada o zumos naturales. Y comida para llevar, pasteles etc. Pero conviven con puestos de comercio tradicional donde compra la gente de Valencia, no es como otros mercados bonitos que ya nadie compra en ellos si no que se han ido quedando para que los turistas hagan fotos y poco más.
Después del mercado fuimos a comer a La Pepica, un restaurante de toda la vida, desde 1898!,  en la playa de La Malvarrosa, que se puede llegar en tranvía o en autobús y está ahí mismo. Es el típico restaurante de familias, con fotos de todos los famosos que han comido allí y una grande de Hemingway, que estuvo comiendo allí. Tienen también un mural de pescadoras muy bonito y las vistas de la playa desde el restaurante son estupendas.
Y luego un paseo por la orilla para bajar la paella.

El domingo nos fuimos a La Albufera, que es un parque natural que está a muy pocos kilómetros, unos 15 minutos en coche si no te pilla la caravana de los que van a las playas. Este parque natural consiste en una laguna muy extensa de agua dulce que está justo al lado del mar y tiene una forma de vida peculiar, viven del arroz que se cultiva mediante un sistema de parcelas anegadas, de la pesca en unos lotes de la laguna que son para cada pescador y cada vez más del turismo (hostelería y paseos en barca por la laguna). Antiguamente todo se hacía en barca, por un lado no había carreteras tan buenas y por otro lado no había tantos coches. Fuimos a un pueblo que se llama El Palmar y desde allí nos dimos un paseo en barca con nuestro guía, Jaime, muy amable y que nos explicó muchas cosas de cómo se vivía antiguamente y cómo ha cambiado ahora.

Después visitamos la antigua trilladora de arroz, donde se explica cómo se procesaba el arroz y compramos unos kilos de la variedad que cultivan allí, el Senia. Supongo que es el que tomamos cuando fuimos a comer una paella, pero no estoy segura, la paella no era verde, lo que era verde era el toldo y por eso se ve así. Pero la paella estaba muy bien. Y después de reposar un rato, carretera y manta hasta Madrid otra vez.


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