14/09/2013

Restaurantes de Girona (II)

Como en uno de los restaurantes de la entrada anterior nos habían hablado bien de L'Alquería, reservamos y allí que nos fuimos. Muy bonito, con un patio interior chulo. Nos recibieron muy bien con un vermut y unos chips y un aceite de oliva con pan para ir entreteniéndonos mientras nos traían la comida.
Primero compartimos un foie con unas tostadas de granos riquísimas y después un arroz con rape, cigalas y boletus, de postre una mousse a medias. Muy bien todo, no había mucha gente porque en verano los gerundenses se van el fin de semana a la playa, que está al lado y se vacía un poco la ciudad.
 
Al día siguiente nos fuimos hacia el interior, vimos dos pueblos románicos muy bonitos: Besalú y Santa Pau. Parecen de cuento, tan colocaditos, tan monos.
En Besalú pudimos ver un pequeño museo del embutido y comprar algunos embutidos artesanales. Fuet normal, fuet picante, una butifarra blanca normal y una butifarra negra con pistachos que no había visto nunca.
Seguimos camino hasta Olot, en la comarca volcánica de La Garrotxa, donde probamos las patatas de Olot, especialidad local. Son muy ricas y una vacaburrada. Cualquier día las hago aquí en el blog porque me encantaron. Son patatas fritas, rellenas de butifarra y rebozadas. Ahí es nada. El aporte extra de calorías me vino muy bien porque luego me hicieron subir a un volcán...andando!
 
De vuelta a Girona, fuimos al restaurante  Mon Oncle, sí, como la película de Jaques Tatí. Está en la C/Mercaders, 13 (tel. 972206314). Por fuera parecía otro café más con terraza y aire alternativo, pero me sorprendió la calidad de la cocina, estaba todo bueno. A mí, que no soy muy croquetera, me encantaron sus croquetas de virutas de jamón, estupendas. También probamos el hummus, un foie con cebolla caramelizada y tostadas y unos makis vegetarianos. Tienen una decoración simpática y el servicio es atento.
Al día siguiente nos fuimos a el cabo de Creus y Cadaqués. El cabo es impresionante, y en el mismo puerto del pueblo de Cadaqués el agua está no ya limpia, sino transparente, precioso.
 
Nosotros al lío: comimos en Cadaqués en un restaurante que se llama Es Balconet, que está un poco escondido y que nos recomendaron en la oficina de turismo, una arroz con marisco, que no estaba mal pero a mi gusto, mejorable. El servicio cumple y poco más. A veces nos trabajamos las reservas, la búsqueda de locales, los comentarios, etc. y otras veces vamos un poco a matacaballo y nos metemos en el primer sitio que nos dicen o que vemos y nos llama la atención. Así te llevas unas sorpresas muy agradables o  como en este caso, pues ni fú ni fá.

Por la noche, a la vuelta a Girona, nos fuimos a cenar al restaurante Nu, otra recomendación de la camarera del Plaça del Ví 7, que se lució, gracias!. Como no habíamos reservado, nos colocaron en la barra. A mí me resultaba un poco incómodo porque para hablar con quien vayas tienes que estar todo el rato con la cabeza girada o hablar hacia el frente y que el camarero piense que estás loca, así, hablando al aire. Pero al rato te acostumbras. Y como entró Jordi Roca, (el pastelero de El Celler de Can Roca y de mi heladería favorita en Girona, Rocambolesc) y también le plantaron en la barra...pues, ¡ya me parecía todo mejor!
 
Del Nu todo me gustó, los buñuelos, la ensalada de foie con moras, los raviolis de butifarra negra con crema de calabaza, el bacalao con crema de idiazábal, el xuxo con crema de anís estrellado, las oreo...
estaba todo delicioso. El camarero era agradable y como le teníamos en la barra, pues rápido y todo. Así como a E. le gustó más el Occi, a mi me gustó más Nu, aunque no sea muy cómodo.
 
Otro día nos fuimos al Baix Ampordá, la parte de Begur, Aiguablava y Palamós. El pueblo de Begur tiene unas casonas de indianos del siglo pasado muy bonitas, todas con su palmerita, como manda la tradición.
 
De Aiguablava ¡qué voy a decir! Que es precioso, que viví allí unos años de pequeña y que me despertaba con estas vistas a diario. Un paisaje así de bonito alimenta el espíritu y eso que ahora está muchísimo más urbanizado que en los años sesenta. Estando en el Parador se desató un tormentón y nos tuvimos que quedar hasta que amainó porque no había quien saliera de allí.
De ahí nos fuimos a Palamós para intentar comer en el restaurante Candela (Av. 11 de setembre, 77. Tel. 972315999), está en el paseo marítimo, nos habían hablado bien de él, pero con tan mala suerte que el día que fuimos cerraba a mediodía y solo abría por la noche, otra vez será...
 

De vuelta a Girona nos encontramos este comercio tradicional, Colmado Moriscot (C/Ciutadans, 4), un ultramarinos de toda la vida, que entre sus productos tiene algunas curiosidades como el licor de coca, de ratones, de cannabis. Y no, no compré nada, de verdad.
 
Ya en Girona, desayunamos algunas veces en la Plaza de la Independencia, en una terraza muy simpática. Dejaron de ser simpáticos el tercer día, cuando por ser fin de semana en vez de cobrar el desayuno a 2 ó 3 euros por persona, nos metieron un clavazo del triple, tomando lo mismo: 2  cafés con leche  y dos tostadas. No me pareció bien y no volvimos, y desde aquí aviso, por si acaso a alguien le sirve el dato, pero como les tomé manía no me acuerdo del nombre.
 
Así que a partir de entonces desayunábamos en Casa Moner, una panadería artesanal con pastelería, bocadillos y una barra al fondo. Me llamó la atención que si pides un té con leche, la leche te la cobran aparte (0,20€), no lo había visto nunca y la verdad, qué fuerte, no? Pero parece ser una costumbre local porque en otros bares también me pasó.
La  cerveza local se llama Moska y tienen normal y tostada, la tostada me gustó más, si vais probadla que es buena. Se llama así porque en Girona hay una leyenda que dice que cuando los franceses entraron a saquear la ciudad, profanaron el cuerpo de San Narcís rompiéndole el brazo y de ahí empezaron a salir miles de moscas que atacaron a los soldados franceses, muriendo en el acto todo aquel al que picaban. Para qué queremos drones los de Girona, si tenemos moscas...
  
Y hasta aquí llegamos en nuestro viaje por Girona y su provincia, nos ha gustado mucho, está un poco lejos pero merece la pena. 

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