07/08/2013

Viaje a Bélgica (I)

Ya estamos aquí después de viajar durante dos semanas por Bélgica y me gustaría compartir algunas experiencias en esta entrada, nunca se sabe si pueden ser útiles. Hemos recorrido varias ciudades y pueblos, hemos conocido su historia, visto sus museos, sus paisajes, sus mercados y probado la gastronomía local. Todo estupendo!  
Después de regresar, y con la tranquilidad que da el descanso, recuerdo Brujas y Gante como unas ciudades absolutamente preciosas, y si tenéis intención de ir y leéis en cualquier blog de viajes que se ven en ¡una mañana! no hagáis ni caso, después de tres días en cada una aún teníamos rincones por descubrir, yo me hubiera quedado una semana en cada una tan ricamente! Claro que nosotros no viajamos con prisas, todo hay que decirlo, nos gusta adaptarnos a los usos locales, probar los restaurantes punteros de cada lugar según los gustos de los nativos y pasear tranquilamente sin buscar hacernos la foto de rigor. Algunos de los sitios que visitamos:
 
Gante es una ciudad grande pero no tanto, unos 250.000 habitantes, muchos estudiantes, bonitos canales, tranquila, se puede ir caminando a todas partes si eres andarina como yo. Tiene canales para pasear, su castillo de los Condes de Flandes (Gravensteen), su torre (Beldfort) , la iglesia de San Bavón y la de San Nicolás, el ayuntamiento (Stadhuis)... en la calle carritos del caramelo típico de Gante, el Curbedon o Neuzete (Naríz), conos de caramelo masticable rellenos de una jalea semilíquida con sabor a frambuesa tradicionalmente y de muchos más sabores en la actualidad, no aguantan más de unas semanas en buen estado, por lo que sólo se venden en Gante y sus alrededores, después se cristaliza el relleno y ya no tiene gracia.
Dos restaurantes recomendados, De Graslei en Graslei 7, a orillas del canal, donde comimos una fondue de pescado impresionante, donde el pescado (vieiras, langostinos, rape, salmón, bacalao fresco, merluza, cangrejos de río) llega crudo a la mesa y se hace en caldo hirviendo de langosta y verdura (que al terminar de "cocer" el pescado se cuela y se toma y está sabrosísimo), acompañado de salsas y otro restaurante, De Blauwe Zalm en Vrouwebroersstraat 2, donde también están especializados en pescados y marisco y hay una lámpara en forma de medusa preciosa. Ahí tomamos un rodaballo sobre ensalada de lentejas, un bacalao al horno sobre una cama de risotto de boletus y una ensalada de quisquillas que son muy típicas en Bélgica.

Brujas, la joya de la corona. Pequeña ciudad encantadora, de día está tomada por los turistas pero al atardecer, todos esos que se ven las ciudades en media mañana desaparecen y regresa la tranquilidad a sus calles. Afortunadamente, ahora en Bélgica hay muchísimas horas de sol y aunque a las seis de la tarde cuando cierran los comercios la mayoría de gente desaparece, nosotros podíamos seguir paseando a nuestro antojo hasta las 9 o las 10 sin problemas, si es que el tiempo acompaña. Todo es bonito y pintoresco: la plaza mayor, el ayuntamiento, los canales, el campanario, la iglesia de Nuestra Señora, el beguinaje o beaterio...
También es el lugar donde comprar el chocolate que queráis traer de vuelta a casa porque hay muchas más chocolaterías artesanales que en cualquier otro lugar de Bélgica (incluido Bruselas). Y si os interesa el tema, se puede visitar el museo del chocolate y una fábrica de cerveza.
En Brujas puedo recomendar el Moules Poules, en Simon Stevinplein 9, un restaurante especializado en mejillones y que hasta entonces no habíamos probado, siendo lo más típico de la cocina belga. Pero incluso aunque no gusten los mejillones, tienen otros platos, como un guiso de carne riquísimo hecho con la cerveza local, la Brugse Zot, que se deshace en la boca. Y en cada esquina una tienda de chocolates artesanos, aquí te compras unas trufas para después de cenar, allí 200 gramos de bombones para ir paseando, otro día una cajita y así, entre bombón y bombón ¡cómo no te va a gustar Brujas!
También os puedo NO recomendar otro restaurante, el Chez Olivier, en Meestraat 9, situado en una casa del siglo 16, sobre el canal más antiguo de la ciudad, el sitio en sí es bonito, pero saliendo  con bebida a más de 80€ por persona, me pareció muy caro y sobrevalorado. Hay quien se queja de que la alta cocina pone raciones ridículas, a mí nunca me había pasado, pero aquí todo era enano.
Ieper (en francés Ypres), fue destruida en la I Guerra Mundial y ha sido reconstruida en su totalidad, su atractivo no reside en la ciudad en sí, sino en los campos de batalla del saliente de Flandes de la Primera Guerra Mundial y en el Museo del Recuerdo de la Primera Guerra Mundial, donde se constata el horror de la guerra y el sinsentido de la misma. Todos los días truene o llueva, a las 8 de la tarde, se hace  desde 1928, un acto de conmemoración a los caídos (el año que viene es el centenario del inicio de la guerra, 1914-1918). Es en la Menenport y se llama Last Post y todos los días es diferente. Unos días viene una representación de un colegio inglés a entregar una corona de flores, otro día canta un coro de scouts o lo que sea, pero siempre distinto. Lo lleva a cabo la Last Post Association of Ieper y es impresionante la cantidad de gente que congrega y el respeto que se respira. Alrededor de Ieper están los campos de las tres batallas más importantes y las trincheras que sirvieron de refugio durante años a los jóvenes soldados, algunos tan jóvenes como 15 años. Y también los cementerios, tanto los aliados como los alemanes, que la verdad, son menos espectaculares. Aquí fue donde por primera vez se usaron armas químicas y conmueve ver los medios tan precarios que tenían los soldados para combatirlas.

Muy recomendable nuestro Bed & Breakfast  en Ieper, Ter Vesten en Arsenaalstrat 4, donde estuvimos dos días. La habitación era perfecta para nosotros y el desayuno era pantagruélico, con más de una docena de mermeladas caseras hechas por nuestra anfitriona, Magda Vandenbroucke.
 
Muy cerca esta Poperinge, una pequeña ciudad que se utilizaba como punto de descanso (y prostíbulo) de oficiales y tropa, porque estaba fuera de alcance de los obuses de los alemanes. Cuando llegamos, había una procesión y pudimos visitar el museo del lúpulo y probar la cerveza local.
 
 
Después bajamos, casi bordeando la frontera con Francia hasta Bouillon, un pequeño pueblo de veraneo frecuentado por excursionistas para hacer senderismo, con un río muy bonito lleno de meandros y que nosotros queríamos conocer por ser el hogar de Godofredo de Bouillón, el primer rey cristiano de Jerusalén. Este visionario vendió su castillo y se marchó con 40.000 soldados (iba a decir fieles, pero seguro que eran mercenarios) a hacer las cruzadas hasta Tierra Santa, tardó 3 años en llegar y para entonces ya había desertado un tercio de su ejército. Llega, se hace rey y le sienta fatal, porque al año se muere. Tenemos su castillo y cómo no, su cerveza local.
También queríamos visitar la Abadía de Orval que está cerca y es donde se fabrica la cerveza Orval y que es la única abadía que se puede visitar en Bélgica. No la abadía en sí, sólo los jardines, las ruinas de la antigua abadía y un museíto sobre la fabricación de su cerveza. Aparte fabrican queso, pero es mejor la cerveza. De camino de regreso a Bouillon paramos en Rochehaut, otro pueblito pintoresco con sus meandros, sus senderistas y cómo no, su cerveza local.


 


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