12/08/2013

Viaje a Bégica (II)

Después estuvimos en Bruselas, que es una ciudad de contrastes, que es como se dice cuando hay barrios  bastante feos y de repente cambias de barrio y es todo muy bonito. Con sus palacetes, avenidas señoriales, un montón de edificios Art Nouveau y parques con lagos y cisnes.  La Grote Markt o Grand Place, que dicen que es la más bonita del mundo, no me impresionó tanto, será que ya llevaba muchas Grote Markt en el viaje! Bruselas está, eso sí, mucho más poblada que las otras ciudades donde habíamos estado, es más ciudad-ciudad, más caótica, más sucia y hay una gran mezcla de culturas, no sólo por los emigrantes sino por toda la retahíla de funcionarios europeos. Así, no es raro oír hablar español a residentes (también a los miles de turistas).

De repente cambió el clima, salió el sol y dejó de estar nublado. Hacía mucho calor, lo cual no es lo mejor para estar todo el día pateando. Además, al no ser habitual tanto calor, no hay aire acondicionado en muchos sitios, ni en restaurantes, ni en cervecerías o cafés, pero tampoco en bancos, tiendas, etc. 
En Bruselas hay muchos sitios donde comer, pero hay que evitar los más turísticos, como los de las calles que rodean la calle des Bouchers, porque son infumables. Lo mejor los pequeños restaurantes en zonas de barrios más tranquilos, más bohemios, como los que hay cerca de las plazas de Sablon o del barrio de Les Marolles donde nos hospedábamos en un bonito apartamento que recomiendo, Rue de Nancy 9, lo único que no tiene ascensor pero eso para nosotros no es un problema. Está en varias páginas de apartamentos, cualquier duda me decís.
 
Cuando ya habíamos visto los sitios turísticos más normales, nos fuimos al Museo de África en Teuren al cual se llega en tranvía y está a las afueras, a una media hora, en un parque precioso que cómo no, fue coto de caza real en su momento y ahora es una zona con pinta de cara a lo Moraleja. El museo necesita una renovación urgente y aún así es impresionante. En él se explica cómo el rey Leopoldo II se hizo con el Congo y cómo hacía y deshacía a su antojo, instaurando una cultura de violencia y una normalización de la tortura y el horror, que se ha entrelazado con la vida de ese país africano de tal manera que hoy en día sus habitantes siguen sufriendo sus consecuencias. Este genocidio tan particular, tan poco conocido debido a la nula influencia de sus víctimas (los congoleños), se produjo de 1885 a 1908. En apenas veintitrés años se calcula según los últimos estudios que se cargó directa o indirectamente diez millones de congoleños. De pena.

Un día nos fuimos a Mechelen (Malinas en francés), es una pequeña y tranquila ciudad de provincias con menos de 100.000 habitantes. Bonita y agradable, paseamos un día entero por la Grote Markt, el Stadhuis, sus calles y sus canales, que al ser domingo estaban de bote en bote. El beguinaje o beaterio, al contrario que el de Brujas, no está vallado, sino que se ha integrado en la ciudad, suponiendo un reto para sus habitantes conservar el espíritu tranquilo y sosegado del lugar y conjugarlo con la vida moderna, pero a mi parecer lo consiguen, porque se respira otro aire en sus calles.

 
Y al día siguiente fuimos a Antwerp (Amberes), con medio millón de habitantes más o menos, la segunda ciudad del país, es una ciudad  con uno de los puertos más importantes de Europa. La leyenda dice que en la orilla del río Escalda (Schelden) habitaba un gigante que cobraba un peaje a los barcos para poder pasar y al capitán que no pagaba le cortaba la mano. Llegó otro más chulo que él y le cortó la mano al gigante y se la tiró al río. Y desde entonces se llama Antwerp, de Ant que es mano y Werpen que es lanzar. Aunque hay muchas más teorías del origen del nombre y probablemente más exactas, a mí me ha gustado la del gigante cortamanos. Esta mano se ha erigido en el símbolo de la ciudad y se encuentran pastas con forma de mano cortada, bombones con forma de mano cortada, etc. un poco siniestro, no?
Durante el siglo XVI que fue su apogeo, el comercio en Amberes constituía el 40% del comercio mundial, era la capital del azúcar de Europa y esto arrastraba a otros comerciantes, a los banqueros, toda la carga en el puerto donde entraban miles de barcos a la semana, aduanas etc. Dice el historiador Luc-Normand Tellier que Amberes le proporcionaba a la corona siete veces más beneficios que las Américas y fue la ciudad más rica de toda Europa. Y algo de ese dinero debe haber quedado en la ciudad, que hoy en día es el punto mundial de comercio de diamantes y se ve una ciudad boyante.
Llegamos en tren a la estación central, completada en 1905 de estilo neobarroco. Es preciosa, con su cúpula de 60 metros,  sus cristales y su estructura de hierro, muy muy bonita. Paseamos viendo el rascacielos más antiguo de Europa, los jardines donde jugaba de pequeño Carlos I, la Grote Markt,  el castillo, los canales etc. y probamos la cerveza local, De Konink que tiene de logo, cómo no, una manita cortada!

También nos tomamos unos gofres en Queen of waffles  en la Grote Markt, 60, donde pudimos ver cómo tenían las masas preparadas de antemano y los iban haciendo al momento, no como en otros muchos sitios que los tienen congelados industriales y los meten al microondas y la verdad, no es lo mismo.

 
 

2 comments:

  1. He visto tu blog en el foro de los viajeros y como yo también acabo de volver de Belgica me ha picado la curiosidad.
    Has hecho un bonito reportaje.

    Un saludo.

    http://lascositasdenerania.wordpress.com/

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